Real Madrid 59-64 FC Barcelona | Final Copa del Rey

Real Madrid - Barça Copa del Rey Final

El partido de partidos, la velada entre las veladas y las expectativas por los cielos tras una temporada 20-21 de clásicos descafeinados por las bajas del Real Madrid.


También te puede interesar:

La noche donde las estrellas brillan | NBA All-Star Weekend


Después de uno de los veranos más movidos que se recuerdan en intercambio de cromos Madrid-Barça, el Real Madrid buscó recuperar el trono copero frente a un Barça al que ya habían vencido en una final al inicio de esta temporada, para levantar la Supercopa. El duelo prometía y mucho por todo lo que representan sus caras principales. Saras vs. Laso, Mirotic & Davies vs. Tavares & Yabusele, Heurtel vs. Lapro… Un sin fin de cara a caras que hacían del cartel para este partido una constelación de estrellas difícil de igualar a nivel europeo.

Todo estaba listo para una final que debía ser épica, rodeado por toda la expectación y los espectáculos que magnificaron todo este fin de semana de locura. Las apuestas dejaban claro que esta iba a ser la final, pero ambos equipos encontraron a un grupo de hombres que se atrevieron a desafiar a los dioses, mirarlos a los ojos y morir en el intento ante una ovación cerrada del pabellón granadino, UCAM Murcia y Río Breogán intentaron mejor que nadie impedir el duelo, pero cuando el destino de dos entidades que superan lo humano se quieren encontrar, no hay cuerpo suficientemente inamovible que pare a dos cuerpos imparables que se atraen. Eliminados todos los escollos del camino, la batalla dio comienzo.

La crónica

Primer cuarto y balón al aire. Laso buscó sorprender con un quinteto cargado de fuerza, llevando el partido al fango, donde los talentos no brillaran por si solos y fuera el conjunto el que dominara el juego desde el apartado defensivo. Plan ejecutado a la perfección por unas manos que parecían tocarlo todo. Los astros culés se vieron atados hasta el punto de anotar tan solo 5 puntos, con una única canasta en juego.

Taylor reclamaba su lugar en la mesa y no estaba dispuesto a que su actuación en semifinales se quedara solo ahí, como un recuerdo efímero. Alberto Abalde puso el espectáculo y la fiesta blanca estaba servida.

Laso tenía a Mirotic y Jasikevicius donde quería, por lo que el segundo cuarto sería vital para saber si podrían hacer de esa defensa una constante que les diera la copa. Sin embargo los siguientes 10 minutos mostraron a un Barça que lograba encontrar espacios donde antes no los había, pero que seguía sin dominar. ¿La clave? Llevar al Madrid a ese ritmo anotador al tran-tran, ya que el 19-5 del primer cuarto había sido letal en todos los sentidos. 29-18 al descanso ganando el segundo cuarto. Al igual que ocurrió contra Manresa en el primer cuarto, lograron salvar el mal inicio y seguir vivos.

Los dos equipos fueron directos a vestuarios con sensaciones muy distintas. Por el lado blanco, el plan inicial había salido mucho mejor de lo que seguramente se planeó, pero faltaba rematar a un equipo que iba a dar guerra. Por el lado culé, la sensación de estar con vida pese a todas las circunstancias que los habían hecho llegar hasta ahí, pero con la necesidad de encontrar respuestas ya. El tercer cuarto decidiría en gran medida lo que daría de si esta final.

Habitualmente, cuando tienes un problema que es difícil de solucionar, sueles tener a un contacto predilecto en tu agenda, aunque muchos se ofrezcan a ayudarte y sepas que pueden ser de ayuda, siempre hay alguien que sobresale, esa persona sin la que nada de lo que has hecho hasta hoy habría sido posible. Para Jasikevicius, esa respuesta no podría ser otra que el hispano-montenegrino Nikola Mirotic. El ala-pívot salió con un plan que se basaba en un concepto simple: no pueden parar nuestros esquemas si el esquema soy yo.

Niko anotó, anotó y volvió a anotar en un tercer cuarto en el que cada bote era oxígeno, cada tiro era calma y cada tiro libre hacía creer que se podía, que la primera parte había sido un mal sueño. Desde el lado blanco parecía que no todo iba tan bien como al inicio, 23 puntos recibidos en un tercer cuarto en el que las armas ofensivas llegaban a cuentagotas, sin nadie que pudiera entrar, ni por asomo, en una batalla de tu a tu con Mirotic, que parecía poder vencer al equipo entero. +5 para los madrileños y todo por decidir en el último cuarto, con un actor que estaba a punto de dejar de ser secundario, para tomar el control y ponerlo todo a sus pies.

Últimos 10 minutos de partido, final de infarto como broche de oro al espectáculo copero. Era ahora o nunca, daba igual como se había llegado ahí, daba igual como de duro había sido el camino, el cansancio y prácticamente todo lo trabajado hasta ese momento, un detalle podría definirlo todo.

El final del partido estuvo marcado por el agotamiento, los tiros cortos, liberados, de esos que en una situación normal se giran antes de ver el balón entrar. Esta vez no, no iba a ser tan fácil como para poder cerrarlo sin luchar. Todo el pabellón viendo una batalla entre 2 colosos que habían bajado directamente a la Tierra, luchando de tu a tu en una guerra de trincheras, en el barro, donde sale lo mejor y lo peor de cada uno. Entre tanto ruido apareció el gen de ganador de un jugador joven, de los que a priori no confiarías la jugada decisiva porque «no está preparado». Apareció Rokas Jokubaitis para incendiarlo todo. Triple. Canasta y falta. Tiro libre dentro. Canasta y falta. Por fin pareció humano y falló el tiro libre que le habría hecho anotar 9 puntos seguidos en 3 acciones, se quedaría en 8.

La batalla se decidió por el aire, primero por un tapón de Tavares que llegó a donde solo él llega para negar a Mirotic el placer de acabarlo, pero la acción decisiva llegaría en el otro aro. El infortunio quiso que uno de los hombres llamados a llevar al Real Madrid a un nivel superior, regresando después de unos meses convulsos en la NBA, fuera el que fallara un tiro a priori cómodo para él, en un registro del juego que domina a la perfección, pero que al no entrar ese balón todo quedaría en manos del fallo culé. Para aparecer en los grandes fallos hay que atreverse a ejecutar los grandes tiros, nada que reprochar a un Gabi Deck que hizo todo lo que pudo por ayudar a sus compañeros en este fin de semana.

Mirotic no falló en la misión del tiro libre y el partido concluyó con una celebración culé llena de rabia y alegría, que comienza a dejar un balance en la era Jasikevicius muy favorable a los de la Ciudad Condal.

No te olvides de seguirnos en nuestras redes sociales: TwitterInstagram y Youtube.